Un instituto de millonarios con un 10% de alumnos becados, de los
cuales la mayoría fue y es víctima de la más cruel chica que pudiera
estudiar en aquella institución o al menos así es como la catalogan
ellos.
Rebecca Blade Delancey, una de las alumnas más temidas y a la vez amadas
que el instituto Diamond Blade pudiera tener. Todos guardaban
respeto ante la chica de cabellera castaño claro, ondulado y largo a la
altura de su cintura, ojos color gris y una sana figura atlética. Siendo
de su familia la institución podía hacer casi cualquier cosa sin
recibir castigo alguno por parte de los profesores pero, prefiere
acoplarse a las reglas y no actuar como una niñita mimada. Cabe destacar
que había “jugado” con más de un alumno, poseía una gran colección de
personas a las que mandaba y mantenía a su merced gracias a las
recompensas que les daba e incluso tenía para jugar en la cama y a la
hora de la ducha -sólo se acostaba y bañaba con mujeres- pero ellas
llegaban solas, por lo que no gastaba en sus servicios pues quien las
dejaba satisfechas era ella. Había saboreado el cuerpo de chicas
adineradas y becadas. Ella es popular entre los alumnos de primer año de
secundaria a sexto semestre de preparatoria y convive con una gran
cantidad de personas. Es un misterio saber cómo mantiene en secreto su
sucio hobbie de las personas que no son confiables y el cómo lo saben
únicamente las que lo son o quienes ansían estar en su cama, sean del
grado que sean. Aunque no todas lograban estar en ella.
El
instituto se encuentra en fechas de admisión para nuevos alumnos en
todos sus niveles educativos y hoy es la llegada de los alumnos de
primer, tercer y quinto semestre de preparatoria a los cuales se les
haría un tour y asignarían habitaciones para los alumnos que aparte de
estudiar en dicha institución, vivirían en las instalaciones mientras
que otros volverían a casa y sólo irían a tomar sus respectivas clases,
obvio está, que en la mayoría de los casos son los padres son quienes
deciden.
Rebecca decidió ir en busca de una nueva
víctima. Recorría los pasillos intentando encontrar alguna que la
atrajera para lo que deseaba; este año le apetecía algo parecido a una
sirvienta que aparte de hacer lo que le ordenara fuera bonita para
satisfacer sus lascivas necesidades.
Entre la multitud de estudiantes nuevos se encontraba una joven que
acaparó el interés de la escuela porque gracias a sus calificaciones le
ofrecieron una beca del 90% sin materiales incluidos, y por dicha o
desdicha del presupuesto con el que contaba su familia únicamente
estaría dos semestres, ya que dudaban el poder pagar los libros. Aquella
joven prodigiosa lleva por nombre Elisa Azard. A pesar de su status
económico, es bastante bonita, tiene cabello color negro y lacio por
debajo de los hombros, ojos color miel y de una buena complexión; podrá
parecer otra alumna adinerada del lugar pero, lo único que tiene de
“adinerado” es su apellido. Ella desea mucho superarse en ese instituto y
salir adelante para que los gastos que haga su familia no se vean
hechos en vano pero, ¿cómo? si no eran de mucho dinero, no eran pobres
pero el material de esa escuela era algo caro, supuestamente siempre
tratando de ofrecer a sus alumnos los mejores libros pero a la vez los
más caros.
Elisa se encontraba en el tour de los alumnos nuevos
pero se vio en la necesidad de ir baño, supuso que no tardaría demasiado
así que no le dijo nada a la profesora encargada de guiarlos por la
institución.
-Si que es grande- se decía mientras caminaba entre
los pasillos tratando de encontrar el baño.
-Me pregunto cómo serán los baños- notó que estaba cerca de uno y entró
pero estaba distraída de lo que hacía y al momento de entrar chocó con
alguien que al parecer iba de salida.
-¡Disculpa!- dijo Elisa sin ver con quien había chocado.
La chica con la que chocó se le quedo viendo, escrutándola con la mirada.
-¿Eres nueva?- Pregunta la extraña frente a ella a los pocos segundos.
-Sí…-
se limito a dar una respuesta corta y precisa para evitar conflictos en
sus primeros días, después de todo en ese tipo de lugares los que
tienen dinero siempre ganan.
-De casualidad, ¿la chica becada de excelentes calificaciones?-
-Supongo- Elisa no estaba del todo segura si ella era la única con una beca tan alta.
-Me sorprendes…nadie había ganado conseguir una beca del 90% en esta escuela- comenta cruzándose de brazos sorprendida.
-Aunque desearía que fuera completa…- con la vista baja, respondió sin darse cuenta.
-¿Por
qué? no es tan cara la colegiatura si solo pagas el 10%- decía la chica
misteriosa del baño mientras salían para hablar mejor en el pasillo.
-Mi
familia no es de quienes le sobre para pagar tanto…para nosotros es
mucho, no tanto la colegiatura sino los libros y el material que me
lleguen a pedir, ha de ser caro aquí- estaba dando demasiada información
a la persona menos indicada. Hubo silencio hasta que…
-Podría hacer que fuera completa…- una pequeña sonrisa de diversión se
dibujo en su rostro.
Elisa la veía escéptica, no podía creer en lo más mínimo que una alumna
que apenas acababa de conocer le ofreciera eso ¿le daría el dinero?, ¿se
lo pagaría?, ¿qué sería? y fue cuando preguntó -¿Cómo?-
-Acepta
ser mi juguete personal e incondicional, después negociaremos tu beca-
la sonrisa se torno algo malvada y una pequeña risa de superioridad
escapó de su boca.
-¿Disculpa?- se ofendió un poco, sabía que
tarde o temprano algún estudiante riquillo la trataría así pero no lo
esperaba de alguien que decidió entablar una conversación con ella.
-Parece que no sabes con quien estás hablando-
Su forma de decirlo denotaba más superioridad.
-Realmente quisiera saberlo- sus palabras contenían cierto enojo.
-Bien,
me presentare- la chica de cabellos claros vio a Elisa fijante y dijo:
-Rebecca…Rebecca Blade- sin una palabra más, sin una palabra menos dejó
paralizada a la chica con quien hablaba.
-Entonces eres… ¡¿la hija
del director y fundador de la escuela, el señor Misael Blade?!- se
sentía muy nerviosa al saber con quien estuvo negociando esos minutos,
hasta las ganas de ir al baño se le habían ido, una palabra de más y tal
vez podría conllevar a su expulsión.
-Exactamente, ¿y bien, acepta mi oferta señorita Azard?-
-¿Cómo sabes mi apellido?-
-Investigue
un poco tú expediente, hago eso con todos los becados que
suenan…interesantes- Elisa no sabía si sentirse alagada o sentir miedo,
se quedo pensando, ella podía ser su pase a quedarse en esa escuela sin
tener que pagar un sólo centavo.
-En caso de que acepte y después de cierto tiempo decida arrepentirme…
¿sería capaz de hacer que me expulsen?- ese era su único temor.
-No,
pero no prometo que tu estadía aquí sea muy placentera-
Elisa trago saliva y dijo con un tono serio mientras escondía su temor
de la respuesta a la siguiente pregunta: -¿Qué deseas que haga por ti?-
-Como
he dicho…ser mi juguete y mantener un buen promedio para no levantar
sospechas… no quiero problemas con mi padre, lindura y en caso de que tu
promedio baje, nuestro trato se hará nulo por más que no quiera-
entrecerrando los ojos y acariciando su mejilla bajando hasta sus labios
con el dedo anular, delineando sus labios alejo lentamente su mano.
Elisa tragó saliva nuevamente y respondió -¿cómo estaré segura de que
mantendrás tu palabra?-
-Lindura, por favor, tengo sangre Delancey
correr por mis venas, y si no fuera un trato verdadero no te estaría
exigiendo mantener un promedio sobresaliente-
-¿Delancey?, ¿acaso la famosa empresaria Diana Delancey es tú madre?-
-Exactamente, lo que ella pone de por medio lo cumple...al igual que yo-
-Interesante…-
-Bueno,
bueno, ¿y cuál es tu decisión, chiquilla?- pregunta con una mueca de
aburrimiento, nunca había tardado tanto en hacer que alguien aceptara o
rechazara un trato con ella.
-…Acepto- dijo en un gran suspiro con
tono seco, aquel que se escucha cuando sabe que se arrepentirá muy
pronto. -Perfecto- relamió sus labios mientras sonreía mostrando los
dientes.
-Pero, ¿en qué consiste exactamente ser su “juguete”?- acababa de aceptar algo sin saber lo que tenía que hacer, grave error.
-Ya
lo verás muy pronto, pequeña. Una mínima demostración seria esto…- la
acorraló en una esquina solitaria, acariciando su rostro y sonriendo con
malicia, se acercó lentamente para besarla dejándola inmóvil. Rebecca
se separó triunfante y acaricio el cabello de su nueva "víctima".
-Eso es sólo el principio- dice relamiendo sus labios nuevamente -eso
hace cuando se siente muy segura y algo le gusta-.
No recibió respuesta pues no era necesaria, después de todo estaba
dándole una idea de lo que vendría después.
-Si
quieres, termina tu recorrido pero quiero verte en la puerta de esa
bodega en dos horas, en caso de que no vallas nuestro trato se anula y
descuida, haré como si nunca nos hubiésemos conocido- ordenó mientras
apuntaba a una bodega que casualmente estaba cerca.
Nuevamente no hubo respuesta. Elisa temerosa asintió con la cabeza y fue
a explorar un poco más la escuela intentando reunirse con los demás,
ahora al menos tenía en qué pensar.
-Que encantadora,
sabe que no puede negarse- Ahora sabe que sin esa beca del 100% era
probable que no duraría mucho tiempo en esa escuela, pero Rebecca haría
lo posible para que se quedara, después de todo al verla en el
expediente se le hacía familiar, le recordaba a alguien aunque sólo pudo
ver su apellido, el nombre estaba tapado y no podía mover los papeles
sino su padre se daría cuenta de que estuvo revisando y casualmente
únicamente eran expedientes de chicas los que revisaba. No quería
levantas sospechas.
-Al menos es mujer… no quisiera
estar comprometida en éste tipo de situación con un hombre. Sería
peligroso- nerviosa, caminaba por los pasillos esperando a que pasaran
las dos horas acordadas para así volver a lo que parecía un camino sin
retorno.
En verdad le esperaban muchas cosas a Elisa desde ese encuentro. Pagar
un 10% junto con los materiales y sólo estudiar dos semestres o tres no
parecían tan mala idea ahora.
Al cabo de una hora y media había
tomado su decisión e iba rumbo al lugar acordado, efectivamente, aquella
chica estaba esperándola de brazos cruzados aparragada en la pared.
-Perfecto,
decidiste venir después de todo- Rebecca abrió la puerta de la bodega,
empujando dentro a la joven completamente asustada.
-¿Eres
virgen?- pregunta indiferente Rebecca mientras asegura la puerta. El
rostro de su víctima se puso totalmente colorado y tan nerviosa que sólo
pudo asentir rapidamente para responder.
-Que linda, hace mucho
que no pruebo el cuerpo de una virgen- dijo sonriendo lujuriosamente,
eso la hacía desear más su cuerpo. La acorraló contra la pared y le
susurró al oído que todo estaría bien para calmar sus nervios. La besa
con dulzura y afloja su uniforme para despojarla de todo pedazo de tela
que tuviera puesto; la chica de cabello negro contenía sus lágrimas
mientras sentía como la tocaba, sus labios temblaban y ella también, se
estaba sintiendo despojada de su dignidad; bastaba ver hasta qué punto
tuvo que llegar para poder obtener aquella beca.
La
bodega era un tanto especial para la mayor ya que se guardaban medicinas
y objetos para la clase de gimnasia. Rebecca tenía previamente
preparado un afrodisiaco liquido que llevaba en una de las bolsas de su
falda, dio por finalizado al beso y ordeno que se desvistiera quedándo
en ropa interior, mientras, sacaba el afrodisiaco. Pareciera que aquella
chica no tenía la más mínima intención de escapar, en verdad estaba
dispuesta a todo para obtener esa beca, aunque estaba asustada y sabía
que estaba a punto de experimentar su primera vez con una chica
-desconocida-, pensaba en todo eso mientras se desvestia.
Rebecca
le ordena que tome lo que hay en el frasco que sostiene, estaba a la
mitad, era un frasco pequeño. Los afrodisiacos que prepara son potentes,
no quería volver a esa virgen una torpe necesitada de caricias y
ninfomana por unas horas solamente.
-Deja un poco, no te lo tomes
todo- fue consciente de que le haria efecto al instante y más fuerte de
lo normal, tomando en cuenta su apariencia. Elisa no replico y tomó de
la botella el líquido color rosa sabor a fresa y ginseng.
-Pero que lencería más sexy utilizas- comenta mientras observa cómo se desnuda su acompañante en turno.
-Me avergüenza…- confesó quitándose la falda.
-Lo siento, pero tú lencería pide ser alabada-
Elisa terminó de desvestirse soportando la penetrante mirada de Rebecca, sentía que con sólo verla ya la estaba tocando.
-Modélame un poco- ordenó Rebecca.
-¿Cómo?-
-Como
quieras, sólo quiero que me presumas lo que tienes- la joven, temerosa
comenzó a hacer poses sexys, a pesar de sus nervios lo estaba haciendo
bastante bien.
-Me siento algo rara- dice dejando de
modelar. Su cuerpo estaba poniéndose caliente, su rostro se sonrojaba
por su temperatura corporal, sus piernas temblaban un poco y las
apretaba involuntariamente necesitando rozar su entre pierna.
-Fue
más rápido de lo que creí- terminada la oración, se acercó a su víctima
para llevarla a un colchón que estaba más al fondo, se abalanzo sobre
ella besando su cuello y acariciando su vientre, bajando de su cuello
hacia sus pechos con la lengua, comenzó a besarlos y quitando el
sujetador se dispuso a lamerlos y jugar con ellos causando que la otra
temblara. Nunca había experimentado algo como eso, ni ella misma se
había tocado antes. Tragaba saliva y respiraba con fuerza mientras su
ahora jefa -y violadora- pasaba su lengua en sus delicados pechos.
-Eres
sensible. Me gusta- aquellas palabras aumentaron más la temperatura
corporal de Elisa. Un calambre de dolor recorrió su cuerpo al sentir una
mordida en su pezón.
-Agh...- un pequeño quejido escapó de entre
sus labios. Una segunda mordida dio inicio a una serie de pequeñas
mordiditas alrededor de sus pechos. La respiración de Elisa se hacía más
fuerte y sus labios temblaban, presa de una extraña combinación de
dolor, placer y temor.
Fue cuestión de segundos para que el
afrodisiaco estuviera por todo su cuerpo, necesitaba caricias más
intensas, necesitaba tocar también. No sabía que le ocurría pero no
soportó y comenzó a acariciar el trasero de Rebecca, la cual se percató
de que era hora de subir la intensidad. La abrazó y susurró a su oído
“te haré sentir en el cielo, pequeña~” bajó rápidamente la mano que
tenía en su vientre hacia la entrepierna de ésta. Acariciaba por encima
de la ropa interior comprobando que estaba mojada y justo antes de que
bajara sus bragas fue detenida por una mano, la mano izquierda de su
víctima la cual tenía los ojos llorosos.
-Sea gentil conmigo...por
favor- imploraba con la voz algo quebrada.
Rebecca se doblego al verla de esa manera y tratando de ocultarlo
respondió tratando de parecer desinteresada. -No prometo demasiado pero,
tratare…- nunca espero esa reacción y con menos seguridad se aventuro a
frotar el clítoris de la asustada chica mientras veía de reojo aquel
rostro lloroso con labios temblorosos, labios que formaban una sonrisa
involuntaria de placer. Cuando su entrepierna se mojo lo suficiente como
para lubricar la zona y no lastimar tanto, penetro con dos dedos
mientras se estimulaba sola con la rodilla de la pequeña, quien daba
unos gemidos de dolor y a la vez pareciera que le encantaba sentir el
sexo y fluidos de su violadora en su pierna. Rebecca trataba de tener
cuidado de no lastimarla demasiado y una vez dentro comenzó su labor,
metía y sacaba lentamente hasta que los quejidos de dolor se fusionaron
con gemidos de placer, así que aumento la intensidad y su víctima se
aferraba a su espalda con fuerza, jadeando y gimiendo. El afrodisiaco
también la hacía delirar en sus palabras por lo que suplico por más y
más, extasiando a la joven Blade. Tenía a la pequeña de piernas abiertas
y aferrándose a su espalda pidiendo por más y que no se detuviera, todo
parecía perfecto. Lamía y besaba su cuello para acelerar el orgasmo, le
susurraba al oído que implorara por más. Elisa llegó a un punto en el
que no podía decir nada, tenía su mandíbula apretando los dientes y
babeando un poco, su cuerpo sudaba y sentía un calambre recorrer su
cuerpo efímeramente. Justo antes de llegar al clímax y llenar de sus
fluidos la mano de quien la estimulaba, sintió una mordida en su cuello,
Rebecca mordía como marcando lo que era suyo y no pretendía compartir
con nadie más; al darse cuenta que le gustaba el dolor estaba
enloqueciendo a Elisa con esas caricias que la hacían jadear y gemir de
momento. La dejo deseosa, besando sus labios en un roce poco romántico
para luego sentarse en el colchón viendo como respiraba agitadamente con
el cuerpo algo sudoroso, mojado y con un semblante de satisfacción.
-Ya
disfrutaste, fui gentil contigo y te complací como pediste, pero ahora
yo quiero que me hagas gozar, niñita- indicándole con un dedo que se
acercara a ella, la tenía con piernas y manos en el colchón, viéndola,
esperando acatar sus órdenes. Acaricio su cabello y ordenó -ocultando la
pena- que hiciera lo que le plazca con ella, le daría el privilegio de
disponer de su cuerpo, la dueña se volvió el juguete de su juguete,
nunca había estado antes a merced total de uno, siempre les ordenaba lo
que debían de hacer y cómo debían tocarla, y en caso de hacer algo mal
serian sancionadas. Era cierto que sólo usaba mujeres para ese tipo de
placeres prohibidos, las veía más fáciles de manipular que el manipular
las acciones de un hombre. La sujetó suavemente por la mandíbula y metió
lentamente dos de sus dedos a su boca, los cuales fueron lamidos en un
acto inconsciente e instantáneo.
Le dio a beber lo que había
dejado del afrodisiaco para encenderla más y ver a que extremo llegaba
con dicha dosis.
El cuerpo de Elisa temblaba aun por el orgasmo que había tenido y por el
afrodisiaco que le estaba haciéndole efecto nuevamente. Rebecca se
quito la ropa permitiéndole a su juguete contemplar el hermoso cuerpo
que tenía enfrente. Le sorprendía el tamaño de sus pechos, eran
perfectos, ni muy grandes ni muy pequeños, simplemente perfectos y
listos para devorar. Su mirada parecía ausente, toda su razón se había
desplomado, su cuerpo era el que la dirigía ahora mismo y lo que pedía
era probar cuanto antes esos pechos de tez blanca y piel suave.
-Aprovecha antes de que me arrepienta- exclamó la antes dominante.
-Como
usted diga- en su voz denotaba gozo. Sus manos actuaron enseguida
masajeando los pechos perfectos y suaves que tenía enfrente. Extasiada
del momento decidió comenzar a probar los perfectos pechos que
masajeaban sus manos, no sabía qué hacer con exactitud así que lamia
algo apenada y mordía en momentos -realmente estaba imitando lo que
sintió-, esas débiles mordiditas en los pechos hacían jadear a la joven
Blade, no estaba acostumbrada a mordidas que no fueran más que en el
cuello, nunca dejó versé débil ante una víctima y si llegaban a morder,
ocultaba su gozo.
Rodeo el cuello de la inexperta chica
sintiendo más detenidamente su piel. Acariciaba su cuello indicándole
que iba por buen camino. Rebecca no soporto por mucho y pidió que fuera
más allá pero la otra no entendió el mensaje.
-Sólo tócame aquí- dirigió la mano de la inexperta chica hacia su caliente sexo.
-Está
algo…caliente- su comentario fue inocente y enterneció de cierta forma
el momento, sintiendo la mojada y caliente intimidad de su violadora por
sobre la ropa interior. Despertaba su curiosidad la temperatura de
aquel lugar prohibido, como nunca se había tocado a ella misma le
pareció interesante de una forma retorcida.
-Está caliente porqué
quiere que lo mimes- la estaba seduciendo con la voz y un rostro
sonrojado que excitaba más a Elisa quien empezó acariciando lentamente
sobre la ropa interior, la textura era como estar tocando algo viscoso.
Cuando sus finas bragas se humedecieron demasiado comenzó a bajarlas;
más apenada volvió a tocar, la textura era diferente, era suave y
húmedo. Tragó saliva y empezó a penetrar con un dedo, luego con dos y
finalmente con tres tratando de hallar el punto perfecto en donde
debería estimularla, podía oír sus jadeos pero ningún gemido hasta que
empezó a hacerlo fuertemente tratando de no lastimarla, se oían más
intensos aquellos jadeos pero al tocar cierto punto Rebecca no pudo
evitar soltar el gemido más placentero de su vida.
-Con que acá le
gusta…- con ese tipo de caricias, aunque intensas, supuso que no
lograría hacerla llegar al clímax pronto, tragó saliva nuevamente
mientras se acercaba al oído de Rebecca, dando un pequeño mordisco al
lóbulo, recostándola y bajando sigilosamente. Ésta, solo podía sentir su
respiración que pasaba por todo su cuerpo. Un escalofrío la recorrió de
pies a cabeza al sentirla cerca de su intimidad, guardo silencio y
esperó a que la otra actuara.
-Nunca he hecho esto
antes pero…- se aventuro a lamer el punto que proporcionaba más placer a
su violadora, lamia como si fuera un dulce y con curiosidad, besaba con
delicadeza, parecía una experta del oral, penetraba aquel lugar con su
lengua puesto que el sabor no era -tan- desagradable, sólo algo salado;
hacia un poco de ruido por los fluidos pero era opacado por los gemidos y
jadeos. Rebecca había hecho que más de una le aplicara orales pero
todas eran demasiado torpes que apenas lograban hacerlo bien como para
que se disfrutara, pero Elisa, ella le provocaba sensaciones que nunca
pensó experimentar en un acto sin amor y únicamente llevado a cabo por
el deseo y trucos sucios, ella le ponía ternura sin saberlo.
-Pareces...toda
una...experta- alcanzó a decir aferrada fuertemente al colchón, no
recordaba cuando fue la última vez que le habían hecho sentir tan bien,
ni ella misma poseía a alguien que le proporcionara caricias similares a
las de ahora pero estaba dejando que esa pequeña curiosa tomara
demasiado las riendas del asunto. Sacó fuerzas para aferrarse a la
espalda de la dominante ocasional y poder levantase pero al bajar la
mirada que tenia posada en el techo para ver el rostro de la joven, era
una imagen totalmente sexy, su rostro seguía pareciendo el de una niña
inocente y esa imagen la hizo llegar al clímax mojando aquel rostro del
cual borraría poco a poco su inocencia.
Estaba
recostada en el colchón tratando de normalizar su respiración y cuerpo,
la otra se limpiaba la cara esperando que eso fuera todo. Ambas
comenzaron a arreglarse para poder salir.
-Bienvenida a
mi colección- le guiño un ojo y salió de la bodega. Elisa se sentía
confundida y aun no lograba asimilar del todo que la primera persona que
toco su cuerpo fue una mujer, prácticamente una desconocida, ese hecho
le empezaba a preocupar, temía agarrarle el gusto a medida que lo fueran
practicando.
En su habitación desempacaba en silencio
tratando de no despertar a la chica recostada en la otra cama; su
compañera de habitación.
Sin duda, su estadía en aquel instituto sería interesante.
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