miércoles, 2 de enero de 2013

Negociando

Un instituto de millonarios con un 10% de alumnos becados, de los cuales la mayoría fue y es víctima de la más cruel chica que pudiera estudiar en aquella institución o al menos así es como la catalogan ellos. Rebecca Blade Delancey, una de las alumnas más temidas y a la vez amadas que el instituto Diamond Blade pudiera tener. Todos guardaban respeto ante la chica de cabellera castaño claro, ondulado y largo a la altura de su cintura, ojos color gris y una sana figura atlética. Siendo de su familia la institución podía hacer casi cualquier cosa sin recibir castigo alguno por parte de los profesores pero, prefiere acoplarse a las reglas y no actuar como una niñita mimada. Cabe destacar que había “jugado” con más de un alumno, poseía una gran colección de personas a las que mandaba y mantenía a su merced gracias a las recompensas que les daba e incluso tenía para jugar en la cama y a la hora de la ducha -sólo se acostaba y bañaba con mujeres- pero ellas llegaban solas, por lo que no gastaba en sus servicios pues quien las dejaba satisfechas era ella. Había saboreado el cuerpo de chicas adineradas y becadas. Ella es popular entre los alumnos de primer año de secundaria a sexto semestre de preparatoria y convive con una gran cantidad de personas. Es un misterio saber cómo mantiene en secreto su sucio hobbie de las personas que no son confiables y el cómo lo saben únicamente las que lo son o quienes ansían estar en su cama, sean del grado que sean. Aunque no todas lograban estar en ella.

El instituto se encuentra en fechas de admisión para nuevos alumnos en todos sus niveles educativos y hoy es la llegada de los alumnos de primer, tercer y quinto semestre de preparatoria a los cuales se les haría un tour y asignarían habitaciones para los alumnos que aparte de estudiar en dicha institución, vivirían en las instalaciones mientras que otros volverían a casa y sólo irían a tomar sus respectivas clases, obvio está, que en la mayoría de los casos son los padres son quienes deciden.

Rebecca decidió ir en busca de una nueva víctima. Recorría los pasillos intentando encontrar alguna que la atrajera para lo que deseaba; este año le apetecía algo parecido a una sirvienta que aparte de hacer lo que le ordenara fuera bonita para satisfacer sus lascivas necesidades. Entre la multitud de estudiantes nuevos se encontraba una joven que acaparó el interés de la escuela porque gracias a sus calificaciones le ofrecieron una beca del 90% sin materiales incluidos, y por dicha o desdicha del presupuesto con el que contaba su familia únicamente estaría dos semestres, ya que dudaban el poder pagar los libros. Aquella joven prodigiosa lleva por nombre Elisa Azard. A pesar de su status económico, es bastante bonita, tiene cabello color negro y lacio por debajo de los hombros, ojos color miel y de una buena complexión; podrá parecer otra alumna adinerada del lugar pero, lo único que tiene de “adinerado” es su apellido. Ella desea mucho superarse en ese instituto y salir adelante para que los gastos que haga su familia no se vean hechos en vano pero, ¿cómo? si no eran de mucho dinero, no eran pobres pero el material de esa escuela era algo caro, supuestamente siempre tratando de ofrecer a sus alumnos los mejores libros pero a la vez los más caros.
Elisa se encontraba en el tour de los alumnos nuevos pero se vio en la necesidad de ir baño, supuso que no tardaría demasiado así que no le dijo nada a la profesora encargada de guiarlos por la institución.
-Si que es grande- se decía mientras caminaba entre los pasillos tratando de encontrar el baño. -Me pregunto cómo serán los baños- notó que estaba cerca de uno y entró pero estaba distraída de lo que hacía y al momento de entrar chocó con alguien que al parecer iba de salida.
-¡Disculpa!- dijo Elisa sin ver con quien había chocado. La chica con la que chocó se le quedo viendo, escrutándola con la mirada.
-¿Eres nueva?- Pregunta la extraña frente a ella a los pocos segundos.
-Sí…- se limito a dar una respuesta corta y precisa para evitar conflictos en sus primeros días, después de todo en ese tipo de lugares los que tienen dinero siempre ganan.
-De casualidad, ¿la chica becada de excelentes calificaciones?-
-Supongo- Elisa no estaba del todo segura si ella era la única con una beca tan alta.
-Me sorprendes…nadie había ganado conseguir una beca del 90% en esta escuela- comenta cruzándose de brazos sorprendida.
-Aunque desearía que fuera completa…- con la vista baja, respondió sin darse cuenta.
-¿Por qué? no es tan cara la colegiatura si solo pagas el 10%- decía la chica misteriosa del baño mientras salían para hablar mejor en el pasillo.
-Mi familia no es de quienes le sobre para pagar tanto…para nosotros es mucho, no tanto la colegiatura sino los libros y el material que me lleguen a pedir, ha de ser caro aquí- estaba dando demasiada información a la persona menos indicada. Hubo silencio hasta que… -Podría hacer que fuera completa…- una pequeña sonrisa de diversión se dibujo en su rostro. Elisa la veía escéptica, no podía creer en lo más mínimo que una alumna que apenas acababa de conocer le ofreciera eso ¿le daría el dinero?, ¿se lo pagaría?, ¿qué sería? y fue cuando preguntó -¿Cómo?-
-Acepta ser mi juguete personal e incondicional, después negociaremos tu beca- la sonrisa se torno algo malvada y una pequeña risa de superioridad escapó de su boca.
-¿Disculpa?- se ofendió un poco, sabía que tarde o temprano algún estudiante riquillo la trataría así pero no lo esperaba de alguien que decidió entablar una conversación con ella.
-Parece que no sabes con quien estás hablando- Su forma de decirlo denotaba más superioridad.
-Realmente quisiera saberlo- sus palabras contenían cierto enojo.
-Bien, me presentare- la chica de cabellos claros vio a Elisa fijante y dijo: -Rebecca…Rebecca Blade- sin una palabra más, sin una palabra menos dejó paralizada a la chica con quien hablaba.
-Entonces eres… ¡¿la hija del director y fundador de la escuela, el señor Misael Blade?!- se sentía muy nerviosa al saber con quien estuvo negociando esos minutos, hasta las ganas de ir al baño se le habían ido, una palabra de más y tal vez podría conllevar a su expulsión.
-Exactamente, ¿y bien, acepta mi oferta señorita Azard?-
-¿Cómo sabes mi apellido?-
-Investigue un poco tú expediente, hago eso con todos los becados que suenan…interesantes- Elisa no sabía si sentirse alagada o sentir miedo, se quedo pensando, ella podía ser su pase a quedarse en esa escuela sin tener que pagar un sólo centavo. -En caso de que acepte y después de cierto tiempo decida arrepentirme… ¿sería capaz de hacer que me expulsen?- ese era su único temor.
-No, pero no prometo que tu estadía aquí sea muy placentera- Elisa trago saliva y dijo con un tono serio mientras escondía su temor de la respuesta a la siguiente pregunta: -¿Qué deseas que haga por ti?-
-Como he dicho…ser mi juguete y mantener un buen promedio para no levantar sospechas… no quiero problemas con mi padre, lindura y en caso de que tu promedio baje, nuestro trato se hará nulo por más que no quiera- entrecerrando los ojos y acariciando su mejilla bajando hasta sus labios con el dedo anular, delineando sus labios alejo lentamente su mano. Elisa tragó saliva nuevamente y respondió -¿cómo estaré segura de que mantendrás tu palabra?-
-Lindura, por favor, tengo sangre Delancey correr por mis venas, y si no fuera un trato verdadero no te estaría exigiendo mantener un promedio sobresaliente-
-¿Delancey?, ¿acaso la famosa empresaria Diana Delancey es tú madre?-
 -Exactamente, lo que ella pone de por medio lo cumple...al igual que yo-
-Interesante…-
-Bueno, bueno, ¿y cuál es tu decisión, chiquilla?- pregunta con una mueca de aburrimiento, nunca había tardado tanto en hacer que alguien aceptara o rechazara un trato con ella.
-…Acepto- dijo en un gran suspiro con tono seco, aquel que se escucha cuando sabe que se arrepentirá muy pronto. -Perfecto- relamió sus labios mientras sonreía mostrando los dientes.
-Pero, ¿en qué consiste exactamente ser su “juguete”?- acababa de aceptar algo sin saber lo que tenía que hacer, grave error.
-Ya lo verás muy pronto, pequeña. Una mínima demostración seria esto…- la acorraló en una esquina solitaria, acariciando su rostro y sonriendo con malicia, se acercó lentamente para besarla dejándola inmóvil. Rebecca se separó triunfante y acaricio el cabello de su nueva "víctima". -Eso es sólo el principio- dice relamiendo sus labios nuevamente -eso hace cuando se siente muy segura y algo le gusta-. No recibió respuesta pues no era necesaria, después de todo estaba dándole una idea de lo que vendría después.

-Si quieres, termina tu recorrido pero quiero verte en la puerta de esa bodega en dos horas, en caso de que no vallas nuestro trato se anula y descuida, haré como si nunca nos hubiésemos conocido- ordenó mientras apuntaba a una bodega que casualmente estaba cerca. Nuevamente no hubo respuesta. Elisa temerosa asintió con la cabeza y fue a explorar un poco más la escuela intentando reunirse con los demás, ahora al menos tenía en qué pensar.

-Que encantadora, sabe que no puede negarse- Ahora sabe que sin esa beca del 100% era probable que no duraría mucho tiempo en esa escuela, pero Rebecca haría lo posible para que se quedara, después de todo al verla en el expediente se le hacía familiar, le recordaba a alguien aunque sólo pudo ver su apellido, el nombre estaba tapado y no podía mover los papeles sino su padre se daría cuenta de que estuvo revisando y casualmente únicamente eran expedientes de chicas los que revisaba. No quería levantas sospechas.

-Al menos es mujer… no quisiera estar comprometida en éste tipo de situación con un hombre. Sería peligroso- nerviosa, caminaba por los pasillos esperando a que pasaran las dos horas acordadas para así volver a lo que parecía un camino sin retorno. En verdad le esperaban muchas cosas a Elisa desde ese encuentro. Pagar un 10% junto con los materiales y sólo estudiar dos semestres o tres no parecían tan mala idea ahora.
Al cabo de una hora y media había tomado su decisión e iba rumbo al lugar acordado, efectivamente, aquella chica estaba esperándola de brazos cruzados aparragada en la pared.
-Perfecto, decidiste venir después de todo- Rebecca abrió la puerta de la bodega, empujando dentro a la joven completamente asustada.
-¿Eres virgen?- pregunta indiferente Rebecca mientras asegura la puerta. El rostro de su víctima se puso totalmente colorado y tan nerviosa que sólo pudo asentir rapidamente para responder.
-Que linda, hace mucho que no pruebo el cuerpo de una virgen- dijo sonriendo lujuriosamente, eso la hacía desear más su cuerpo. La acorraló contra la pared y le susurró al oído que todo estaría bien para calmar sus nervios. La besa con dulzura y afloja su uniforme para despojarla de todo pedazo de tela que tuviera puesto; la chica de cabello negro contenía sus lágrimas mientras sentía como la tocaba, sus labios temblaban y ella también, se estaba sintiendo despojada de su dignidad; bastaba ver hasta qué punto tuvo que llegar para poder obtener aquella beca.

La bodega era un tanto especial para la mayor ya que se guardaban medicinas y objetos para la clase de gimnasia. Rebecca tenía previamente preparado un afrodisiaco liquido que llevaba en una de las bolsas de su falda, dio por finalizado al beso y ordeno que se desvistiera quedándo en ropa interior, mientras, sacaba el afrodisiaco. Pareciera que aquella chica no tenía la más mínima intención de escapar, en verdad estaba dispuesta a todo para obtener esa beca, aunque estaba asustada y sabía que estaba a punto de experimentar su primera vez con una chica -desconocida-, pensaba en todo eso mientras se desvestia.
Rebecca le ordena que tome lo que hay en el frasco que sostiene, estaba a la mitad, era un frasco pequeño. Los afrodisiacos que prepara son potentes, no quería volver a esa virgen una torpe necesitada de caricias y ninfomana por unas horas solamente.
-Deja un poco, no te lo tomes todo- fue consciente de que le haria efecto al instante y más fuerte de lo normal, tomando en cuenta su apariencia. Elisa no replico y tomó de la botella el líquido color rosa sabor a fresa y ginseng.

-Pero que lencería más sexy utilizas- comenta mientras observa cómo se desnuda su acompañante en turno.
-Me avergüenza…- confesó quitándose la falda.
-Lo siento, pero tú lencería pide ser alabada-
Elisa terminó de desvestirse soportando la penetrante mirada de Rebecca, sentía que con sólo verla ya la estaba tocando.
-Modélame un poco- ordenó Rebecca.
-¿Cómo?-
-Como quieras, sólo quiero que me presumas lo que tienes- la joven, temerosa comenzó a hacer poses sexys, a pesar de sus nervios lo estaba haciendo bastante bien.

-Me siento algo rara- dice dejando de modelar. Su cuerpo estaba poniéndose caliente, su rostro se sonrojaba por su temperatura corporal, sus piernas temblaban un poco y las apretaba involuntariamente necesitando rozar su entre pierna.
-Fue más rápido de lo que creí- terminada la oración, se acercó a su víctima para llevarla a un colchón que estaba más al fondo, se abalanzo sobre ella besando su cuello y acariciando su vientre, bajando de su cuello hacia sus pechos con la lengua, comenzó a besarlos y quitando el sujetador se dispuso a lamerlos y jugar con ellos causando que la otra temblara. Nunca había experimentado algo como eso, ni ella misma se había tocado antes. Tragaba saliva y respiraba con fuerza mientras su ahora jefa -y violadora- pasaba su lengua en sus delicados pechos.
-Eres sensible. Me gusta- aquellas palabras aumentaron más la temperatura corporal de Elisa. Un calambre de dolor recorrió su cuerpo al sentir una mordida en su pezón.
-Agh...- un pequeño quejido escapó de entre sus labios. Una segunda mordida dio inicio a una serie de pequeñas mordiditas alrededor de sus pechos. La respiración de Elisa se hacía más fuerte y sus labios temblaban, presa de una extraña combinación de dolor, placer y temor.
Fue cuestión de segundos para que el afrodisiaco estuviera por todo su cuerpo, necesitaba caricias más intensas, necesitaba tocar también. No sabía que le ocurría pero no soportó y comenzó a acariciar el trasero de Rebecca, la cual se percató de que era hora de subir la intensidad. La abrazó y susurró a su oído “te haré sentir en el cielo, pequeña~” bajó rápidamente la mano que tenía en su vientre hacia la entrepierna de ésta. Acariciaba por encima de la ropa interior comprobando que estaba mojada y justo antes de que bajara sus bragas fue detenida por una mano, la mano izquierda de su víctima la cual tenía los ojos llorosos.
-Sea gentil conmigo...por favor- imploraba con la voz algo quebrada. Rebecca se doblego al verla de esa manera y tratando de ocultarlo respondió tratando de parecer desinteresada. -No prometo demasiado pero, tratare…- nunca espero esa reacción y con menos seguridad se aventuro a frotar el clítoris de la asustada chica mientras veía de reojo aquel rostro lloroso con labios temblorosos, labios que formaban una sonrisa involuntaria de placer. Cuando su entrepierna se mojo lo suficiente como para lubricar la zona y no lastimar tanto, penetro con dos dedos mientras se estimulaba sola con la rodilla de la pequeña, quien daba unos gemidos de dolor y a la vez pareciera que le encantaba sentir el sexo y fluidos de su violadora en su pierna. Rebecca trataba de tener cuidado de no lastimarla demasiado y una vez dentro comenzó su labor, metía y sacaba lentamente hasta que los quejidos de dolor se fusionaron con gemidos de placer, así que aumento la intensidad y su víctima se aferraba a su espalda con fuerza, jadeando y gimiendo. El afrodisiaco también la hacía delirar en sus palabras por lo que suplico por más y más, extasiando a la joven Blade. Tenía a la pequeña de piernas abiertas y aferrándose a su espalda pidiendo por más y que no se detuviera, todo parecía perfecto. Lamía y besaba su cuello para acelerar el orgasmo, le susurraba al oído que implorara por más. Elisa llegó a un punto en el que no podía decir nada, tenía su mandíbula apretando los dientes y babeando un poco, su cuerpo sudaba y sentía un calambre recorrer su cuerpo efímeramente. Justo antes de llegar al clímax y llenar de sus fluidos la mano de quien la estimulaba, sintió una mordida en su cuello, Rebecca mordía como marcando lo que era suyo y no pretendía compartir con nadie más; al darse cuenta que le gustaba el dolor estaba enloqueciendo a Elisa con esas caricias que la hacían jadear y gemir de momento. La dejo deseosa, besando sus labios en un roce poco romántico para luego sentarse en el colchón viendo como respiraba agitadamente con el cuerpo algo sudoroso, mojado y con un semblante de satisfacción.
-Ya disfrutaste, fui gentil contigo y te complací como pediste, pero ahora yo quiero que me hagas gozar, niñita- indicándole con un dedo que se acercara a ella, la tenía con piernas y manos en el colchón, viéndola, esperando acatar sus órdenes. Acaricio su cabello y ordenó -ocultando la pena- que hiciera lo que le plazca con ella, le daría el privilegio de disponer de su cuerpo, la dueña se volvió el juguete de su juguete, nunca había estado antes a merced total de uno, siempre les ordenaba lo que debían de hacer y cómo debían tocarla, y en caso de hacer algo mal serian sancionadas. Era cierto que sólo usaba mujeres para ese tipo de placeres prohibidos, las veía más fáciles de manipular que el manipular las acciones de un hombre. La sujetó suavemente por la mandíbula y metió lentamente dos de sus dedos a su boca, los cuales fueron lamidos en un acto inconsciente e instantáneo.
Le dio a beber lo que había dejado del afrodisiaco para encenderla más y ver a que extremo llegaba con dicha dosis. El cuerpo de Elisa temblaba aun por el orgasmo que había tenido y por el afrodisiaco que le estaba haciéndole efecto nuevamente. Rebecca se quito la ropa permitiéndole a su juguete contemplar el hermoso cuerpo que tenía enfrente. Le sorprendía el tamaño de sus pechos, eran perfectos, ni muy grandes ni muy pequeños, simplemente perfectos y listos para devorar. Su mirada parecía ausente, toda su razón se había desplomado, su cuerpo era el que la dirigía ahora mismo y lo que pedía era probar cuanto antes esos pechos de tez blanca y piel suave.
-Aprovecha antes de que me arrepienta- exclamó la antes dominante.
-Como usted diga- en su voz denotaba gozo. Sus manos actuaron enseguida masajeando los pechos perfectos y suaves que tenía enfrente. Extasiada del momento decidió comenzar a probar los perfectos pechos que masajeaban sus manos, no sabía qué hacer con exactitud así que lamia algo apenada y mordía en momentos -realmente estaba imitando lo que sintió-, esas débiles mordiditas en los pechos hacían jadear a la joven Blade, no estaba acostumbrada a mordidas que no fueran más que en el cuello, nunca dejó versé débil ante una víctima y si llegaban a morder, ocultaba su gozo.

Rodeo el cuello de la inexperta chica sintiendo más detenidamente su piel. Acariciaba su cuello indicándole que iba por buen camino. Rebecca no soporto por mucho y pidió que fuera más allá pero la otra no entendió el mensaje.
-Sólo tócame aquí- dirigió la mano de la inexperta chica hacia su caliente sexo.
-Está algo…caliente- su comentario fue inocente y enterneció de cierta forma el momento, sintiendo la mojada y caliente intimidad de su violadora por sobre la ropa interior. Despertaba su curiosidad la temperatura de aquel lugar prohibido, como nunca se había tocado a ella misma le pareció interesante de una forma retorcida.
-Está caliente porqué quiere que lo mimes- la estaba seduciendo con la voz y un rostro sonrojado que excitaba más a Elisa quien empezó acariciando lentamente sobre la ropa interior, la textura era como estar tocando algo viscoso. Cuando sus finas bragas se humedecieron demasiado comenzó a bajarlas; más apenada volvió a tocar, la textura era diferente, era suave y húmedo. Tragó saliva y empezó a penetrar con un dedo, luego con dos y finalmente con tres tratando de hallar el punto perfecto en donde debería estimularla, podía oír sus jadeos pero ningún gemido hasta que empezó a hacerlo fuertemente tratando de no lastimarla, se oían más intensos aquellos jadeos pero al tocar cierto punto Rebecca no pudo evitar soltar el gemido más placentero de su vida.
-Con que acá le gusta…- con ese tipo de caricias, aunque intensas, supuso que no lograría hacerla llegar al clímax pronto, tragó saliva nuevamente mientras se acercaba al oído de Rebecca, dando un pequeño mordisco al lóbulo, recostándola y bajando sigilosamente. Ésta, solo podía sentir su respiración que pasaba por todo su cuerpo. Un escalofrío la recorrió de pies a cabeza al sentirla cerca de su intimidad, guardo silencio y esperó a que la otra actuara.

-Nunca he hecho esto antes pero…- se aventuro a lamer el punto que proporcionaba más placer a su violadora, lamia como si fuera un dulce y con curiosidad, besaba con delicadeza, parecía una experta del oral, penetraba aquel lugar con su lengua puesto que el sabor no era -tan- desagradable, sólo algo salado; hacia un poco de ruido por los fluidos pero era opacado por los gemidos y jadeos. Rebecca había hecho que más de una le aplicara orales pero todas eran demasiado torpes que apenas lograban hacerlo bien como para que se disfrutara, pero Elisa, ella le provocaba sensaciones que nunca pensó experimentar en un acto sin amor y únicamente llevado a cabo por el deseo y trucos sucios, ella le ponía ternura sin saberlo.
-Pareces...toda una...experta- alcanzó a decir aferrada fuertemente al colchón, no recordaba cuando fue la última vez que le habían hecho sentir tan bien, ni ella misma poseía a alguien que le proporcionara caricias similares a las de ahora pero estaba dejando que esa pequeña curiosa tomara demasiado las riendas del asunto. Sacó fuerzas para aferrarse a la espalda de la dominante ocasional y poder levantase pero al bajar la mirada que tenia posada en el techo para ver el rostro de la joven, era una imagen totalmente sexy, su rostro seguía pareciendo el de una niña inocente y esa imagen la hizo llegar al clímax mojando aquel rostro del cual borraría poco a poco su inocencia.

Estaba recostada en el colchón tratando de normalizar su respiración y cuerpo, la otra se limpiaba la cara esperando que eso fuera todo. Ambas comenzaron a arreglarse para poder salir.

-Bienvenida a mi colección- le guiño un ojo y salió de la bodega. Elisa se sentía confundida y aun no lograba asimilar del todo que la primera persona que toco su cuerpo fue una mujer, prácticamente una desconocida, ese hecho le empezaba a preocupar, temía agarrarle el gusto a medida que lo fueran practicando.

En su habitación desempacaba en silencio tratando de no despertar a la chica recostada en la otra cama; su compañera de habitación.
Sin duda, su estadía en aquel instituto sería interesante.

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